Por: Abraham Sánchez Leslie
Estudiante de la licenciatura en psicología FADYCS
Hoy en 2026, no es raro encontrar personas abiertamente
LGBTQ+, personas que se oponen, luchan y viven en contra de la cishetero
normativa. Personas que viven libremente su realidad queer, y otras que se ven
apagadas por los sistemas heteronormados que les oprimen.
Las personas queer han peleado por su reconocimiento y
libertad de expresión por muchos años, fue un 28 de junio de 1969 que se
llevaron acabo los disturbios de Stonewall en Nueva York, cuando un grupo de
oficiales entraron al Stonewall Inn en una redada con la intención de capturar
a personas abiertamente homosexuales. Una de las personas que mas destacan por
su participación durante los disturbios de Stonewall fue Marsha P. Jhonson.
Mucho se habla del nacimiento del activismo queer, pero
pocos toman en cuenta que una de las figuras mas importantes de este, era una
mujer trans de color. Si bien el matrimonio igualitario y la despenalización de
la homosexualidad en muchos países fue uno de los grandes logros del activismo
queer, se escucha poco sobre la lucha por el reconocimiento de la identidad de
género en personas trans.
Hoy en día a pesar de estos logros, se pueden escuchar
discusiones públicas, ya sea en línea o en los mismos espacios educativos,
sobre si una persona transgénero realmente tiene derecho si quiera a existir.
En esta discusión existe un tema en particular que persevera, las infancias
transgénero. La sola idea de que un niño o una niña externe su búsqueda de
identidad es suficiente para causar terror no solo en padres o personas
gestantes, si no también en gente que se a dedicado a externar su desprecio por
las mismas infancias.
Un discurso lleno de odio y transfobia es utilizado para
mostrar preocupación e interés por el supuesto bienestar de las mismas
infancias, la gente a aprendido a disfrazar su odio y repulsión hacia aquello
que amenaza su “orden” cishetero normativo como genuina preocupación por el
bienestar de cuerpos ajenos. ¿Por qué digo esto? ¿Qué acaso no es posible
sentir preocupación genuina por el bienestar de una infancia incluso si es
ajena a mí? Claro que lo es, es incluso algo de esperar, puesto que, como adultos,
nuestro trabajo siempre será el de salvaguardar la integridad de los menores,
sean o no ajenos a nosotros. Sin embargo, es importante reconocer y analizar la
raíz de nuestras preocupaciones. Cuando un niño muestra intereses en vestimenta
femenina, juegos de muñecas o asociados al rol femenino, incluso en casos donde
directa y verbalmente se manifiesta un deseo por ser o actuar como el genero
opuesto, hay una inmediata respuesta de alarma en la gran mayoría de las
personas, más específicamente de los padres. En peores casos, estas conductas
buscan ser corregidas para alinearse con las expectativas del genero que se le
asigno al nacer, otras personas podrían inmediatamente atribuir dichas
conductas a un contexto toxico, falta de atención y afecto paterno, incluso de
abuso. ¿A qué se debe que, como sociedad, hemos aprendido a asociar la
inconformidad de género como un síntoma de una carencia socioafectiva parental?
Como adultos es fácil creer que tenemos autoridad sobre las
decisiones de las infancias, después de todo es nuestro deber procurar de
ellxs, pero también es nuestro deber escucharles, atenderles, brindar espacios
seguros, espacios donde puedan explorar sanamente su identidad. Es muy fácil
deslindarse de la responsabilidad que implica el crear un ambiente sano y
seguro para las infancias queer diciendo “esta peque, ya se le va a pasar”,
desmeritando su pensar diciendo cosas como que esta confundidx, ¡claro que lo
está! Es un niñx que, en pleno desarrollo, se le a dictaminado el como debe ser
y comportarse solo por el género que se ha asignado al nacer.
Es contradictorio como mientras se comparte este discurso,
de que las infancias trans solo están confundidas, que es algo que pasara con
la edad y que no tiene la edad para acceder a recursos de afirmación de genero
como lo son los bloqueadores de pubertad (mismos que dan pie a la terapia de
reemplazo hormonal), existen las cirugías de normalización genital en bebes
intersex.
La intersexualidad a sido patologizada desde que existe la
literatura, también llamados trastornos del desarrollo sexual, son afecciones
congénitas en las que el desarrollo del sexo cromosómico, gonadal y anatómico
es atípico. Ser intersexual no es tener una enfermedad, es una variación
natural de la biología humana, y por lo tanto, no tiene cura, sin embargo, las
cirugías de normalización genital son la norma en casi todos lados. Bebes con
genitales ambiguos son forzados a estas cirugías para reconstruir un pene o una
vagina a decisión de los padres o del médico, muchas veces por simple
facilidad, obligando al bebe intersex a encajar en las expectativas y los roles
del genero que los adultos han elegido por ellx.
Tal vez, solo tal vez, deberíamos de dejar de imponer
nuestras creencias y expectativas en cuerpos ajenos, y escuchar mas de cerca a
las necesidades de aquellos que muestran estar fuera de la normativa ¿no lo
creen?
Referencias:
Zelada, C. J., & Nicoli, D. Q. (2019). Lxs otrxs
invisibles: Hacia una narrativa jurídica para la prohibición de las cirugías de
“normalización genital”. IUS ET VERITAS, 59, 124-144. https://doi.org/10.18800/iusetveritas.201902.009
Chen, M. (2018, 19 diciembre). Transgender rights are under siege in Trump’s
America. The Nation. https://www.thenation.com/article/archive/transgender-rights-trump-supreme-court/?utm_source=google&utm_medium=cpc&utm_campaign=tfd_dsa&gad_source=1&gad_campaignid=23492851562&gbraid=0AAAAADI60Wx1yaOoXytPIbuWk7WXOhi-X&gclid=Cj0KCQjwgr_NBhDFARIsAHiUWr6BQ4MaqEMcoPkqJ0xJVDslto7mrD5bHYI14oq-RsZCY-mKtvEe0kwaAhvrEALw_wcB
Elders, M.,
Satcher, D., & Carmona, R. (2017, junio). Re-Thinking genital surgeries on
intersex infants. Palm Center Blueprints For Sound Public Policy.
https://www.palmcenter.org/wp-content/uploads/2017/06/Re-Thinking-Genital-Surgeries.pdf

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